Canto 1 parte 2
Se adentraron en los horrores de la espesura,
Perceptivos como un esposa encinta
Y alerta como un pajaro de buena mañana.
Torpes faunos quisieron emboscarlos,
Y a todos ellos los héroes dieron cuenta.
El hijo de Apolo impetuoso como era,
Solo tenía ojos para la siguiente batalla,
De todas las ganadas,
Un trofeo siempre se llevaba,
Del fauno fue su cornamenta.
Buscaron supervivientes, y encontraron
Una pequeña resistencia
Atormentados por las arpías,
Aberraciones aladas, con torso de mujer,
Y garras de águila.
Sus hijos y tesoros se habían llevado,
Y los heroes, cansados,
Sintieron el pesar de los mortales.
<< ¡A las arpías daremos caza! >>
Gritaba el poderoso Egeo,
No será el pueblo de su padre el que sufra
Más por molestos seres.
Y así que las esperaron,
Con el ingenioso Zetes, caro a Zeus,
Que su espada hacía brillar,
Para atraer desde la montaña
La avaricia carroñera de las dueñas del cielo.
Una decena se abalanzó desde las alturas,
Sobre el hijo de Zeus padre de todos,
Pero este luchó con fervor,
Mientras Egeo y Zagreo, diestros en arco,
Lo cubrían en la distancia.
El hijo de Zeus salió victorioso,
Y los heroes dieron caza a todas ellas.
Recuperaron los tesoros de la gente,
Mas a los niños no pudieron,
Devorados habían sido todos ellos,
Y del horror de la muerte joven,
Se maldijeron por no llegar antes,
Del trofeo de Egeo cazador,
Un valioso huevo de arpía se llevo esta vez.
Dolor y alegría, se mezclaba en el pueblo liberado,
Y festejaron como debían,
Egeo impetuoso, con una mujer amaneció,
La de bellas caderas,
Agradecidos siguieron el camino,
Hasta el templo de Apolo dorado,
Pues un terror aun mayor, aguardaba.
Sorprendidos en la llegada,
Un pequeño lago de aguas negras,
Bañaba los pies del templo,
En uno de los lados,
Una serpiente gigante como un gran arbol,
Sangraba en su muerte.
Es una hidra, o quizás algo similar.
Les contaba el culto Zagreo,
Hábil en información,
Pero sorprendido por el tamaño,
Pues aun gigante, era más grande
En los fantásticos relatos de su padre,
Hades, rey del inframundo.
Los ruidos alertaron a los heroes,
Bandidos liderados por el infame Lares,
Saqueaban el templo
Y ofendian sin pudor a los dioses.
Cuando Egeo apeló a su padre,
Para que estos pararan,
Apolo fijó su mirada,
Y tal fue su rabia,
Que del fondo del lago despertó
A la enorme Hidra de Cireo,
Aquella que había engendrado una mas joven,
Y que enloqueció de furio al verla muerta.
El castigo de Apolo era enorme como el templo,
Y se lanzó a por todo movimiento,
Sea de mortal o semidiós,
Y bandidos y heroes tuvieron que luchar.
Siete cabezas del tamaño del torso de un hombre,
Siete horrores que desprendian,
De afilados colmillos,
El veneno con olor a muerte.
Zetes, caro a Zeus, no conoció miedo alguno,
Salto sobre el monstruo,
Y por la gloria de su padre,
A espada y puñal,
Con su bronce dañaba la inmensa criatura,
Egeo mal se las veía con una cabeza,
Y Zagreo, dentro del templo,
Pensaba tretas rápidas para la batalla.
Peor suerte corrieron los bandidos,
Quienes fueron cayendo uno tras otro,
Ante los mordiscos llenos de tartaro
Que la hidra lanzaba sin descanso.
Solo el infame Lares sobrevivió.
Egeo pudo dañar algo a la criatura,
Cuando las tretas de Zagreo,
Con un saco de gallinas,
Despistaron a las enormes cabezas.
Mientras el glorioso Zetes,
A lomos de la Hidra, la montaba como un equino,
Aferrandose a sus escamas,
Buscando su corazón,
Mientras dañaba sus cabezas sin cortarlas.
Y fue este, el hijo de Zeus,
Quien con su daga el corazón atravesó,
Y la Hidra de Cireo pereció
A orillas del lago del templo de Apolo dorado.
Y cubiertos de sangre y gloria,
Los heroes relajaron sus torsos hinchados,
Momento que aprovechó el infame Lares,
Para así robar al divino Apolo
El tesoro que receloso había guardado.
Fue el error del bandido,
Gritar en burla que ni el hijo de Zeus,
Que tan glorioso se creía,
Podía pararlo con un padre infame.
Y Zeus, que sus ojos hacía tiempo
Que orgullosos posaban en Cireo,
Enfureció dando a su hijo Zetes,
Fuerza divina en las piernas,
En las que una carrera digna de un semidiós,
Dio caza al infame para darle muerte.
Terminó así la gesta de los heroes,
Zagreo hijo de Hades,
Zetes hijo de Zeus,
Y Egeo hijo de Apolo.
Librando a Cireo de la maldición
De la temible Hidra y sus plagas.

